Fiebre en niños: cuándo preocuparse y cuándo ir a la guardia

Fiebre en niños: cuándo preocuparse y cuándo ir a la guardia

La fiebre en niños es uno de los motivos de consulta pediátrica más frecuentes, sobre todo durante los primeros años de vida. En la mayoría de los casos no indica nada grave, pero saber interpretarla ayuda a actuar con más tranquilidad.

En esta nota te contamos qué se considera fiebre según cómo se tome la temperatura, por qué aparece, cómo bajarla de forma segura en casa, qué señales de alarma tener en cuenta según la edad y cuándo conviene ir a la guardia.

Qué se considera fiebre en niños según cómo se mida la temperatura

El valor a partir del cual se considera fiebre en niños cambia según la zona del cuerpo donde se tome la temperatura. Por eso, antes de preocuparse por un número, conviene saber cómo se midió:

  • Rectal, en el oído o en la arteria temporal (frente): 38 °C o más.

  • Oral (en la boca): 37,8 °C o más.

  • Axilar (debajo del brazo): 37,5 °C o más, aunque es el método menos preciso.

En bebés y niños pequeños, la vía rectal suele ser la más confiable. A partir de los 4 años, y si el niño puede colaborar, la vía oral es una buena opción.

¿Por qué aparece la fiebre en niños?

La fiebre en niños no es una enfermedad en sí misma, sino una respuesta del sistema inmunológico frente a una infección, generalmente viral. Elevar la temperatura corporal ayuda al organismo a combatir mejor a los microorganismos que la provocan.

También puede aparecer, con menor intensidad, por otras causas: el exceso de abrigo en bebés, las vacunas o la dentición. De todos modos, ante cualquier fiebre en un recién nacido, siempre conviene una evaluación médica, incluso si parece estar simplemente muy abrigado.

¿Cómo bajar la fiebre en niños de forma segura en casa?

Si el niño sigue jugando, bebiendo líquidos y se siente relativamente cómodo, no siempre es necesario bajar la fiebre en niños. El objetivo no es que el termómetro marque un número exacto, sino que el niño tenga energía.

  • Ofrecer abundantes líquidos para evitar la deshidratación.

  • Vestirlo con ropa liviana y evitar abrigarlo de más.

  • Mantener la habitación a una temperatura agradable, ni muy cálida ni muy fría.

  • Un baño con agua tibia (no fría) puede ayudar a que se sienta mejor.

Si el niño está muy incómodo, el pediatra puede indicar el uso de antitérmicos como paracetamol o ibuprofeno. La dosis y la frecuencia siempre deben seguir las indicaciones del profesional o del prospecto según el peso y la edad, y nunca deben combinarse o alternarse dos antitérmicos sin indicación médica.

Si tenés dudas sobre qué antitérmico usar o notás que la fiebre no responde como esperabas, nuestro equipo de especialistas puede orientarte antes de que la situación te preocupe más de la cuenta.

¿Qué evitar al intentar bajar la fiebre?

  • Baños con agua fría o compresas de hielo: pueden generar escalofríos y hacer que la temperatura suba aún más.

  • Friegas con alcohol: pueden absorberse por la piel y resultar tóxicas.

  • Aspirina: no debe administrarse a niños salvo indicación médica expresa, por su asociación con el síndrome de Reye, una complicación grave.

  • Abrigar en exceso pensando que "hay que sacar la fiebre": esto puede dificultar que el cuerpo libere calor.

Señales de alarma según la edad del niño

El riesgo asociado a la fiebre en niños cambia mucho según la edad. Por eso, más que un número de temperatura, conviene prestar atención a estas señales según cada etapa.

Bebés menores de 3 meses

En este grupo, cualquier fiebre (temperatura rectal de 38 °C o más) debe evaluarse de inmediato. El sistema inmunológico de un bebé tan pequeño todavía es inmaduro, y una infección puede agravarse rápido.

Niños de 3 meses a 3 años

Conviene consultar si el niño no quiere beber líquidos, tiene vómitos o diarrea persistentes, muestra signos de deshidratación, presenta una erupción en la piel, la fiebre supera los 40 °C, dura más de 2 a 3 días, o si parece decaído o cada vez más enfermo.

Niños más grandes

A cualquier edad, hay que buscar atención médica de urgencia si aparecen manchas moradas en la piel, rigidez de cuello, dolor de cabeza intenso, dolor abdominal fuerte, dificultad para respirar, o si el niño está muy irritable, aletargado o difícil de despertar.

Ante cualquiera de estas señales, no esperes: podés sacar un turno o acercarte directamente a nuestra guardia pediátrica.

Convulsiones febriles: qué son y por qué no hay que asustarse

Las convulsiones febriles son episodios breves de sacudidas o rigidez que pueden ocurrir en algunos niños, generalmente entre los 6 meses y los 5 años, asociados a una suba rápida de la temperatura. Son atemorizantes de ver, pero en la gran mayoría de los casos no causan daño ni dejan secuelas.

Si tu hijo tiene una convulsión febril, lo importante es mantener la calma: alejalo de objetos con los que pueda golpearse, no le pongas nada en la boca y cronometrá cuánto dura el episodio.

Después de una primera convulsión febril, siempre conviene que un pediatra evalúe al niño, aunque el episodio haya durado apenas unos segundos.

¿Cuándo consultar al pediatra y cuándo ir a la guardia?

Es probable que la fiebre en niños no sea algo grave si tu hijo tiene más de 3 meses, sigue interesado en jugar, bebe líquidos con normalidad y tiene buen aspecto cuando le baja la temperatura. En esos casos, suele alcanzar con las medidas de cuidado en casa y el seguimiento con su pediatra.

En cambio, conviene ir a la guardia sin demora ante cualquiera de las señales de alarma mencionadas, especialmente en bebés menores de 3 meses, o si la fiebre en niños se mantiene más de 48 a 72 horas sin mejorar.

Si tu hijo tiene fiebre y no estás seguro de qué hacer, sacá tu turno o acercate a nuestra guardia pediátrica para que lo evalúen.

La mayoría de las fiebres en niños se resuelven en pocos días sin dejar consecuencias. Mantener al día el calendario de vacunación y reforzar hábitos simples, como el lavado frecuente de manos, ayuda a reducir la frecuencia de las infecciones que suelen originarla.